domingo, 11 de noviembre de 2007

MIS VIEJOS PROFETAS

Los agnósticos racionales y vocacionales, los que padeceremos la incapacidad y el desamparo de no poder ni querer militar en ninguna iglesia, los que necesitamos palpar para creer, los que no depositamos nuestra fe y nuestra esperanza en ningún más allá, en el paraíso, en el eterno río de leche y miel, endulzamos nuestra vida o afianzamos la supervivencia en esas obras de arte que son buenas para el alma.
No hay peligro de que desaparezca la música, aunque sigamos llorando eternamente el entierro del vinilo. L El saxo de John Coltrane gimiendo, enalteciendo, o mostrando su gentileza siempre será el antídoto más eficaz y hermoso para las heridas del corazón, para sublimar el recuerdo, para removerte lo más íntimo.
Y nadie dirá las cosas importantes con tanta clase y autoridad como Sinatra y Billie Holiday. Y la mejor trompeta de Miles Davis siempre sonará a tristeza y a resignación. Ya sé que hace demasiado tiempo que el emperador del desgarro Van Morrison, ese tipo capaz de llenarte el alma de gozo de ritmo o de lágrimas, de expresar mejor que nadie los sentimientos más intensos, se limita a cumplir en el escenario y que es utópico pensar que volverá algo tan maravilloso como Moondance, Astral week y Una noche en San Francisco, pero sería injusto acusar de acomodaticio al que arriesgó tanto, al que nos regaló tantas sensaciones impagables.
Carlos Boyero, El Pais, Babelia, 27.10.07

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