La vista, uno de los más bellos que posee, pues un color puede definir el camino hacia una sensación; el olfato, distintivo de tantos matices para descubrir con el gusto, que anhelas matizar en cada una de sus notas. Y el tacto, necesario para el arte de tomar una copa, adecuada en cada momento y ocasión, aproximarla a los labios y dejarse llevar. Pero ¿dónde encontramos el oído? Fácil. Para eso se inventó el brindis, el tañir de las copas momentos antes de iniciar la fiesta.Un placer, cena, vino y risas.
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