
El activismo urbano se convirtió sin querer en proyecto de arte: un paso de cebra a modo de pisada; una línea continua que sigue el latido del corazón; una flecha con mostacho a lo Mona Lisa de Duchamp.
Roadsworth. Es el sello anónimo que da valor añadido a las carreteras canadienses desde 2001. Anónimo hasta que le pillaron con las manos en el asfalto. 250 dólares, 40 horas de servicios comunitarios y una campaña para “salvar a Roadsworth” después, Peter Gibson volvió al trabajo. 
A la sátira callejera. “Una forma de subversión irresistible” –añade su autor– que pretende sacudir “las miradas impasibles de conductores y peatones”. Y, de paso, “la cultura de las prisas, el consumo y el hiperindividualismo”. Para leer más, clikar en el titulo.
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