Una de las especies con las que está trabajando el grupo es conocida como “superárboles”, y se refiere específicamente a las secuoyas gigantes que crecen en la Sierra Nevada de California, y a las secuoyas rojas que se encuentran en las zonas costeras del este de Estados Unidos (allí hay ejemplares de más de 2.000 años de antigüedad).
Hasta ahora se han identificado y recogido el material genético de cerca de 200 especies, entre las que también se encuentra el cedro (el mismo que adorna la bandera de Líbano y que alcanza cerca de 50 metros de altura), y el roble, que abunda en los bosques de Irlanda.
La importancia de esta iniciativa según David Milarch, cofundador del proyecto, es proteger a estas especies de la contaminación y la deforestación, teniendo en cuenta que “el 95% de los últimos grandes árboles que por milenios nos han permitido mantener un equilibrio en la naturaleza han sido talados o destruidos”. Dice además que los bosques ancestrales son los más efectivos para recuperar el ambiente.
Fuente: ElEspectador.com


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