Ayer lo reprobaban por su pasado, por sus tuits (hay que ver cómo se ha
metido en la política la red tuiter), tildados de "supremacistas". Hoy
lo reprueban por su presente, por ese discurso de investidura
republicano e independentista. Cabe plantear la pregunta de ayer: ¿qué esperaban? ¿Un candidato independentista no independentista? ¿Uno que imitara el cantinfleo los comuns o, en el más idílico de los casos, las vaciedades de C's y Arrimadas?
¿Qué tiene de extraño que un candidato republicano e independentista
prometa trabajar por la República y la independencia? Y, si se me apura,
que, además de eso, prometa hacerlo por la liberación de los presos, el
retorno de los exiliados y el de Puigdemont en concreto como
"presidente legítimo de Catalunya" de quien Torra se considera
expresamente una especie de delegado o caretaker. La estructura gaullista dual está ya en pleno funcionamiento. En plena guerra antiindependenetista, El país considera inaceptable la vuelta a las andadas. Rajoy frunce el ceño y dice que esperará a juzgarlo por sus hechos pero que lo visto de Torra "no le gusta". Es el mismo tono de perdonavidas de su ministro Méndez, poniendo sobre aviso al candidato sobre lo que hace y dice.
Lo importante de un presidente de la Generalitat es gustarle al
presidente del gobierno, aunque sea un zote. Si no le gusta a un
presidente que goza de plenos poderes dictatoriales a tenor del 155, el
candidato debe preocuparse. Sin embargo, el presidente de los catalanes
tiene que gustar a la mayoría de los catalanes, no al presidente del
gobierno central.
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